La confianza (15 a 36 meses)

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La confianza de su hijo en sí mismo sigue aumentando durante esta etapa de su vida, a medida que aprende nuevas habilidades día a día. Quizá sea pequeño, pero ya tiene una noción de sí mismo y de lo que puede o no hacer. Sus logros afectan a su confianza: por ejemplo, cuando a los 15 meses consigue abrir la tapa de una cajita y vaciar su contenido en el suelo, o cuando a los tres años salta de un escalón y aterriza de pie sin caerse. Las reacciones de los demás hacia él también influyen en  la medida de su confianza.


Componentes de la confianza
La confianza en sí mismo tiene un efecto significativo en el desarrollo de su hijo porque influye en su deseo de conseguir cosas y en su relación con los demás. En la confianza de un niño hay que tener en cuenta tres aspectos:

Autoconvicción: Es la medida en que el niño cree que puede hacer frente a los desafíos que se le presentan. Un niño con poca autoconvicción ni siguiera intentará adquirir una habilidad nueva porque cree que le resultará demasiado difícil, en consecuencia, preferirá evitar la actividad a correr el riesgo de fracasar.

Autoestima: Es la medida en que el niño se valora en sí mismo. Y esto se manifiesta en numerosos ejemplos cotidianos. Observe a su hijo cuando intente aprender a hacer algo, cuando lo consiga, probablemente se volverá hacia usted y le dedicará una enorme sonrisa. Un niño con una baja autoestima no se impresionará por sus propios logros.



Autoimagen: Es la medida en que el niño recibe mensajes positivos de las personas que le rodean. Cuando usted le dice lo mucho que le quiere y le da un abrazo porque, por ejemplo, ha conseguido subir más alto en la escalera del tobogán, le está ofreciendo una imagen de sí mismo positiva que le hace sentirse bien.

Un niño con baja confianza en sí mismo disfruta menos de la vida. Prefiere adoptar un papel más pasivo y quizá tenga dificultades para dar y recibir amor de otras personas. Considera los desafíos y las aventuras más amenazadores que emocionantes y por ello es reacio a descubrir y a aprender.

Determinación: Los estudios psicológicos sugieren que un niño de esta edad suele tener una firme determinación y quiere alcanzar sus metas. Desea explorar y correr aventuras por nuevos territorios, convencido de que no puede existir un reto que esté fuera de su alcance. Es casi como si tuviera un sentido positivo innato de la autoconvicción.

Este sentimiento se extiende a la mayoría de los aspectos de su vida. Por ejemplo, su hijo realiza valientes intentos de subir las escaleras de casa, antes de lograrlo, finalmente, quiere correr mucho antes de mantenerse en pie con la firmeza suficiente para conseguirlo sin riesgo y procura comunicarse con usted aunque apenas haya empezado a utilizar palabras sueltas. Dicho de otro modo, confía lo suficiente en sí mismo para intentar cualquier empeño.

Sin embargo, la experiencia deteriora a menudo esa fe en sí mismo. La posible comprensión súbita de que, por ejemplo, no puede introducir de un modo correcto las figuras geométricas en sus casillas puede reducir su interés por el juguete.

lo mismo ocurre cuando un niño intenta pedalear en el triciclo, descubre que no se ha movido ni un milímetro y se echa a llorar de pura frustración. Si los fracasos de este tipo son demasiado frecuentes, la confianza de su hijo en sí mismo disminuirá y dejará de intentarlo.

Por eso es necesario observarle atentamente cuando juega. Concédale la libertad de jugar solo para que experimente el placer del éxito y al mismo tiempo prepárese para intervenir si ve que se avecina una decepción o frustración. Y si su hijo pierde los estribos o deja que la frustración le desborde, abrácele, anímele y oriéntele hacia otro juguete o actividad que usted sepa que ya domina. Siempre puede volver a la actividad anterior más tarde, cuando tenga una actitud más positiva.




Fuente: Niño Genial



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