¿Cómo lograr que mi hijo coma mejor?

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¿Qué deberían comer los niños?, ¿qué cantidad deberían comer? y ¿cómo conseguir que prueben alimentos nuevos?, son los eternos dilemas para todos los padres. La buena noticia es que la mayoría de niños con problemas a la hora de comer, son niños normales, y se convierten en adultos normales, que comen de todo.




Las directrices para una alimentación sana pueden parecer contradictorias, y las preocupaciones por las alergias, aditivos y pesticidas añaden presión sobre los padres, ansiosos porque sus hijos coman bien, o lo suficiente. Si esto se une a la tendencia natural de los niños a ser inquietos, quisquillosos y, a veces, revoltosos a la hora de comer, el resultado puede ser un potente cóctel de tensión y problemas.

Comer es algo más que cuestión de salud, también es una habilidad social. Compartir la comida cumple una importante función en nuestra manera de comunicarnos con los demás. Las comidas familiares son una buena oportunidad para que todos se sienten juntos e intercambien experiencias. Cuando tu hijo alcance la edad de 24-30 meses, podrá hacer tres comidas al día y será capaz de comer solo con los dedos o una cuchara. Podrá sentarse a la mesa con los demás. La implicación acelerará el desarrollo de tu hijo más que si le das de comer tú o lo vigilas constantemente. Si no se siente distinto de los demás, es probable que empiece a comportarse como un "mayor"

Estrategias en caso de problemas a la hora de comer:

Tu hijo es quisquilloso para comer:  Muchos niños se vuelven caprichosos para comer, y puedes sentirte como si tu hijo te dijera "Me gustan todas las comidas menos la tuya". Intenta poner en práctica las directrices citadas más abajo. Si no funciona, puede que tu hijo tenga alguna fobia con la comida, la suciedad o la textura.

Tu hijo se porta mal durante las comidas: Para un niño puede ser difícil quedarse quieto durante largo rato, y si hay alguna tensión familiar en la mesa, seguro que eso afectará. Minimiza las distracciones, ignora el comportamiento indeseado. Anímale a imitar tu comportamiento o el de algún hermano mayor, si lo tiene. Comprueba que esté sentado cómodamente. Si todavía utiliza su silla para comer, piensa en cambiarlo a una silla normal.

Te preocupa que coma demasiado o muy poco: La mayoría delos niños comerán cundo tenga hambre, sin embargo, tu hijo necesitará tu ayuda para regular sus comidas y para comer de manera sana y equilibrada. Un horario de comidas regular y unos límites de conducta le ayudarán a introducirse en la rutina de comer. Unos pequeños y sanos tentempiés entre horas evitarán que se llene entre comidas. Asegúrate de que coma mucha fruta y verdura y evita los productos azucarados.

Te preocupa que esté demasiado rollizo o demasiado delgado: Todos los niños son rollizos. Sin embargo, un niño que no haga ejercicio, que se muestre letárgico y se quede mucho tiempo sentado, puede engordar  y acumular problemas de salud en el futuro.Consulta a tu médico en busca de consejos y directrices sobre el peso saludable. Si tu hijo está delgado, pero tú también lo eres, seguramente hay poco de qué preocuparse, siempre que su dieta sea equilibrada, sin embargo cualquier signo de una pronunciada pérdida de peso o ganancia de peso, o cambio en el apetito debería ser investigado por un médico. Jamás caigas en la tentación de someter a tu  hijo a una dieta sin grasas. Necesita alimentos enteros para que sus huesos crezcan y se desarrollen sanos.

Tu hijo come demasiado despacio: No hay manera de cambiarlo. Lo único que puedes hacer es ser paciente y recordar que es mejor comer demasiado despacio que demasiado deprisa. Procura que las comidas sean divertidas. No lo obligues a comer más de lo que puede. Recuerda que su estómago es muy pequeño. Si deja de comer, retírale el plato, pues significa que ha comido bastante.

Tu hijo se niega a probar alimentos nuevos: Los niños necesitan tiempo para acostumbrarse a nuevos sabores antes de disfrutarlos. Anímale a preparar las comidas a tu lado. Describe los ingredientes y deja que juegue con ellos. No te preocupes por la suciedad ya que una excesiva obsesión por la limpieza y el orden pueden desanimarlo a probar ciertas texturas, como alimentos mojados o con bultos. No te sorprendas si chupa un alimento nuevos antes de dejarlo de nuevo en el plato. No se está portando mal, es su manera de experimentar con el sabor y la textura. Ten paciencia y la próxima vez a lo mejor decide darle un bocado.

Asocia siempre comida con diversión: Si la comida parece divertida, el niño decidirá que seguramente sabrá bien. Utiliza la imaginación al preparar la comida de tu hijo.

Prueba lo siguiente:

  • Corta los sándwiches en forma divertida.
  • Prepara una cara de puré de papas con otras verduras.
  • Utiliza platos infantiles que revelen algún personaje según se vaya terminando la comida. 
  • Corta la fruta y la verdura con formas de cara o algún dibujo. 


Comer delante del televisor puede parecer divertido, pero aunque tengas costumbre de comer tú así, procura que la comida de tu  hijo sea una experiencia más interactiva y personal. Se trata de que se acostumbre a comer solo y disfrutar concientemente de la comida sin distracciones.

Su cerebro no es capaz de concentrarse en más de una cosa a la vez, y ver la televisión mientras se come no es buena idea para él a esta edad. Le costará mucho más tiempo aprender si hay algún suceso que no tenga nada que ver con la comida y que lo distraiga. La hora de la comida y la del juego, por el mismo motivo, no deberían coincidir. A esta edad, tu hijo puede necesitar que lo distraigan para animarlo a comer, o para que pruebe sabores nuevos, pero no es buena idea tener los juguetes sobre la mesa ya que siempre le resultarán más tentadores a tu hijo que la comida en su plato, y no te dejara ninguna salida.

Comer fuera
Comer fuera de casa puede no ser la misma fiesta para el niño que para los adultos. Si vas a viajar en auto, piensa en llevar la comida de tu hijo para que le resulte más familiar. No planifiques comidas largas, ya que el niño se cansará.

Introducir nuevos sabores
Intenta alternar una pequeña cantidad del alimento nuevo, al que el niño se resiste, con algo que le guste, como un plátano o queso fresco. La idea es crear una asociación positiva, entre el alimento nuevo y el conocido.

Juegos de comidas
Los niños que no tienen ningún problema con la comida, también lo encontrarán divertido.

Crea una comida desordenada afuera: con gelatina, arroz con leche, flan, etc. La única condición es que no sea comida caliente y que se pueda untar con ellos el rostro de tu hijo, o el niño pueda esparcirlo con la mano, como si fuera pintura de dedos. Cuanta más rara sea la mezcla de comida, mejor. Si tu niño parece nervioso o alterado, tranquilízalo, sonríe y hazle ver que estás tan a gusto con todo el desorden como él.

Celebra una carrera de comida nueva: prepara dos filas de pequeñas porciones de comida nueva sobre la mesa. Cubre los alimentos. A la voz de "ya" tu hijo y otro niño, o un adulto, debe saborear cada alimento por turnos. Recompensa a tu hijo con una pequeña cantidad de algo que le guste cada vez que pruebe un alimento nuevo. Esta táctica es una eficaz herramienta a corto plazo para situaciones extremas, para establecer asociaciones positivas con la comida. Al final de la carrera, suponiendo que haya chupado, tocado o probado cada alimento, recibirá un premio.

Ser positiva
Cuanto más positiva y estimulante te muestres con la comida, más relajado estará tu niño ante ella. Implícalo en la preparación de los alimentos. Si tú misma has tenido un pasado problemático con la comida, como dietas extremas o algún desorden alimentario, consigue ayuda médica para estar segura de que tanto tú como el niño están bien. Así también se reducirá el grado de ansiedad que exista en tu casa en torno a la comida.



Consejos para una comida relajada:

  • Anímalo a que coma solo.
  • Elabora una dieta equilibrada.
  • Introduce hábitos sanos de alimentación.
  • Ten paciencia y relájate con la comida.
  • Elogia a tu niño cuando coma bien.
  • Procura que las comidas sean sociables y divertidas.

Superar los problemas

Si tu hijo y sus hábitos te provocan ansiedad, anota tus preocupaciones a lo largo de varias semanas y mantén un diario alimenticio en el que escribas todo lo que puedas sobre la cantidad y veces que tu niño come, así como el tipo de comida que le gusta y el que no. Le ayudará a tu médico a decidir si el problema está relacionado con la comida, una alergia, la rutina para comer, o algún problema familiar más profundamente enraizado. Si tu hijo sufre una fobia extrema por la comida, acude a un especialista. Puede que necesites ayuda para superarlo.

Por último, no olvides elogiar lo "bueno" e ignorar lo "malo" durante las comidas. Cuanto más animes a tu hijo a aceptar los alimentos, o simplemente tolerarlos como una parte ineludible del día, más sano crecerá.






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