Estimulación de las aptitudes lingüísticas (25 a 30 meses)

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La complejidad de sus aptitudes lingüísticas se reflejarán en el habla cotidiana de su hijo cuando empiece a utilizar pronombres personales (yo, tú, él o ella, etc) y palabras descriptivas con más coherencia. Será capaz de mantener conversaciones con otros niños de su edad y también disfrutará hablando con los adultos. Los pequeños detalles de la vida familiar le resultarán fascinantes y no cesará de hacer preguntas.

La conversación con sus hijos es bidireccional. Ellos disfrutan contando cosas pero necesitan sus preguntas para explicarse mejor.
 Sugerencias:

Muestre interés por los interminables relatos que le brinde su hijo, sobre sus amigos o algún juguete. Se excitará por todo lo que suceda a su alrededor y querrá compartirlo con usted. Descubrirá que a su hijo le gusta sentarse a su lado, acurrucarse contra usted y relatarle sus últimas hazañas. Es importante que usted responda con preguntas cuando le hable para que sepa que está escuchando y se interesa, y también para obligarle a pensar más profundamente en el tema.

También puede usar las conversaciones para ayudar a su hijo a clarificar su discurso. Por ejemplo, cuando empiece a contarle un incidente con otro niño en el parque o con un hermano mayor, probablemente lo haga sin mencionar el nombre del niño. Indíquele que debe decir de quién está hablando. Al principio naturalmente, no lo recordará inmediatamente, pero al menos habrá empezado usted a animarle a planificar su conversación y a pensar en las necesidades del oyente.

Ahora que su imaginación está más desarrollada, intente que participe en juegos de simulación, por ejemplo disfrazándose. A su hijo le va a muy bien este tipo de actividad y le ofrece la oportunidad de desarrollar sus aptitudes lingüísticas porque puede fingir que es una persona totalmente distinta. Obsérvele durante este tipo de juego: lo más probable es que cuando se disfrace de adulto, su tono de voz cambie y utilice palabras distintas. 
Se divertirá mucho desfilando por la casa empleando nuevas formas de lenguaje mientras finge ser otra persona. 
Los programas de televisión son mucho más valiosos si usted los ve con su hijo y luego habla con él sobre lo que han visto.
Cuando usted no le deje hacer lo que quiera, quizá intente imponerse a gritos; su reacción instintiva al oír algo que no le guste será decirle que se calle. Cálmele y luego siga diciendo lo que quería decir igualmente. Con el tiempo aprenderá que usted tiene el mismo derecho a hablar que él, aunque no le guste el mensaje que le transmita. En cuanto haya dicho lo que quería, escuche atentamente su respuesta.

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