Ser un niño.


Las teorías y opiniones sobre la crianza de los niños varían con la sociedad, y cada generación de padres aspira a hacer las cosas “mejor”. Sin embargo, las necesidades y deseos de los niños siguen siendo las mismas. El reto está en escuchar los sabios consejos de los “expertos” y decidir qué es lo mejor para tu hijo.
La mayoría de los padres y profesionales del cuidado infantil apoyan actualmente la idea de la crianza centrada en el niño. Esto implica observar de cerca el comportamiento del niño y, literalmente, intentar ver el mundo con sus ojos. Por ejemplo, arrodíllate para contemplar la habitación desde la altura de visión de tu hijo y pregúntate, cómo ve el mundo. Considera si la visión es cómoda, segura y emocionante. Tu nueva perspectiva te ayudará a entender sus necesidades y comportamiento.


El enfoque centrado en el niño no significa que tu bebé sea el centro de tu unidad familiar y que deberías darle todo lo que pida, cuando lo pida. Significa ayudarle a comprender lo que está viviendo y a desarrollar gradualmente frustración-tolerancia.  Este enfoque estimulará el aprendizaje de tu hijo con tu orientación, pero a través de sus propias experiencias,  es la base del desarrollo de la autoestima.

El temperamento y la personalidad
“A veces me pregunto si nuestro hijo fue cambiado por otro. Tiene tanta energía, totalmente distinto a sus hermanos cuando tenían esa edad”. A veces los padres se preguntan cómo han podido engendrar un hijo de carácter tan distinto al suyo propio. Una pareja conservadora y tranquila puede verse sorprendida con un hijo creativo y activo. Una pareja extrovertida puede tener un hijo tímido y precavido. ¡Qué aburrido que fuéramos iguales! El temperamento es nuestra naturaleza esencial y forma parte de nuestra propia personalidad. El temperamento es un estilo de comportamiento que influye en nuestra manera de pensar y reaccionar, y  es uno de los motivos por los que dos hermanos criados básicamente igual pueden responder de manera distinta a la misma crianza.

Nuestro temperamento básico, ligado a los genes, ya está diseñado antes de nacer, pero puede modificarse después. Se pueden ver diferencias individuales en rasgos temperamentales de bebés que aún están dentro de su madre, por ejemplo, en su forma de responder a cambios de temperatura, a ruidos, estímulos, y en su nivel de actividad.

Se preguntarán de qué sirve la crianza. ¿Cómo puede influir en su personalidad? Aunque el temperamento inicial permanece constante, el desarrollo de la personalidad de un niño es más complejo.

La personalidad viene influenciada por:
  • Nuestros genes y temperamento (factores hereditarios).
  • Las respuestas aprendidas en la vida y la educación.
  • La forma de responder los demás ante nosotros (y que afecta nuestro comportamiento).
  • Nuestro entorno físico y social más extenso.

La personalidad se desarrolla a lo largo de los años, hasta bien entrados los veinte años, a medida que aprendemos y respondemos a nuestros padres y entorno doméstico, y más adelante a la sociedad y las experiencias vitales. La personalidad de tu hijo también estará influenciada por el modo en que otros (sobre todo tú) responden a lo que dice y hace.

Por ejemplo, un niño tímido puede retroceder ante las experiencias nuevas. Sin embargo, a medida que crece, y si sus padres lo han expuesto repetida y suavemente a situaciones nuevas, aprenderá a adaptarse. Aunque es poco probable que se convierta en alguien extrovertido, podrá hacer frente a esas situaciones mejor que si sus padres hubieran interpretado la aprensión como angustia y lo hubieran protegido de nuevas experiencias.

El modo en que los padres reaccionan y catalogan el comportamiento de sus hijos no depende tanto del comportamiento mismo sino del punto de vista de los padres sobre ese comportamiento. Por ejemplo, en una familia que favorece la individualidad, un niño necio puede verse con admiración como independiente o de carácter fuerte, “como yo”. En una familia más tranquila, el niño puede verse como “difícil” o terco. Un niño puede ser descrito positivamente como tranquilo, o pasivo en otros casos.

Tu punto de vista y respuesta ante el temperamento del niño depende de tus expectativas, exigencias y percepciones. Un mal “acople” puede llevar a un período de tensión y estrés hasta que consigas “aprenderte” la naturaleza y respuestas del niño. Es importante que comprendas tu propio temperamento, para poder responder de manera positiva, independientemente de las expectativas.

Comprende el temperamento de tu hijo
Los estudios reportan que el temperamento de u niño está formado, básicamente, por nueve rasgos. No existen rasgos buenos o malos, ni combinaciones correctas equivocadas. Comprender y reconocer qué caso se aplica a tu familia te ayudará a conocer, y a establecer vínculos, con tu hijo.

¿Cuál es el grado de actividad física de tu hijo?
Un niño activo puede haberse movido mucho en el vientre, contrario a un niño tranquilo y retraído.

¿Cómo es de predecible tu hijo?
Algunos son muy predecibles y de hábitos regulares. Sus funciones biológicas (comer, dormir y evacuar) son rutinarias. Estos niños reaccionan bien a un régimen establecido. Otros pueden necesitar un enfoque más variado y flexible desde el nacimiento. Con el tiempo todos los niños necesitan límites y aprender qué comportamiento es aceptable, pero puedes mostrarte más sensible al temperamento del niño cuando es más pequeño y, poco a poco, construirle una rutina.

¿Qué tan tímido es tu hijo?
La primera reacción de un niño ante un desconocido, o un ambiente nuevo, es significativa. ¿Tu hijo se muestra abierto, cuando conoce a alguien o llega a u n sitio nuevo? ¿Es observador y cauteloso? ¿Se echa hacia atrás, se aferra a ti e intenta evitar la novedad? Muchos niños se agarran constantemente a su madre cuando sienten miedo de separarse de ella, pero un niño tímido mostrará más ese comportamiento.

¿Necesita tu hijo tiempo para adaptarse a los cambios?
Si alteras la rutina de tu hijo o contratas a un nuevo acudiente, ¿cuánto tiempo necesitará para adaptarse al cambio? Algunos niños son muy flexibles y se acostumbran enseguida, pero otros requieren más tiempo.


¿Cuál es la intensidad de las reacciones de tu hijo?
Algunos niños responden a determinadas situaciones con más energía que otros, ya sea positiva o negativamente. La escala varía desde una leve protesta hasta una rabieta en toda regla, o de “callado y tenso” a “Tranquilo y relajado”.

¿Cómo describirías a tu hijo?
¿Suele mostrarse sonriente y contento? ¿Tiende a ser llorón? El niño pequeño es fácilmente influenciable por el ambiente que lo rodea.

¿Se distrae con facilidad?
Algunos niños se distraen más fácilmente y tienen más dificultada para centrarse en una tarea. Otros son concentrados y casi no se distraen.

¿Tu hijo es capaz de hacer frente a la frustración?
Algunos niños son más tolerantes que otros. Unos persisten en una tarea, a pesar de encontrar obstáculos para su progreso, mientras que otros se rendirán en cuanto se sientan frustrados o distraídos. Por ejemplo, un niño muy persistente puede alterarse si interrumpes su intento de comer solo, mientras que otro se frustrará si no lo haces.

¿Qué tan sensible es tu hijo?
Esta sensibilidad a la que me refiero no tiene que ver con emociones sino con el sistema sensorial: la facilidad con que tu hijo es afectado por cambios en la temperatura, ruido, luz o texturas. Algunos bebés lloran en cuanto mojan el pañal, mientras que otros parecen no darse cuenta. Un niño muy sensible puede que no le guste ser acunado, mientras que otro puede encontrar el movimiento muy relajante cuando intenta dormirse.
A medida que conozcas y reconozcas el carácter de tu hijo, aprenderás a reaccionar adecuadamente. Aunque la reacción de tu hijo sea diferente de lo que esperabas, seguramente sigue siendo normal y saludable. Las diferencias pueden hacerse más pronunciadas a mediad que crece, en función de tu reacción y de determinados factores en su entorno personal. Por ejemplo, una mudanza puede ser todo un desafío, o puede que el niño se resista inicialmente a h hacer amigos en el colegio.

Evitar las etiquetas

Cada niño es una combinación única de los rasgos citados más arriba, pero existen tres grupos de rasgos que los estudios han mostrado como más habituales que los demás. Aunque es importante no encasillar al niño con una etiqueta, puede ser de utilidad para comprender el impacto de su carácter sobre tu manera de reaccionar. Estos rasgos ilustran sobre el tipo de enfoque que podría funcionar al establecer las directrices y criar al niño.

El bebé bueno Los bebés “buenos” tienden a ajustarse rápidamente a los cambios, son muy regulares en sus hábitos de comida, sueño y evacuación, y es fácil predecir sus respuestas a una situación. Dado su elevado nivel de tolerancia al malestar y la frustración, estos bebés suelen ser positivos y alegres, y fáciles de calmar cuando se disgustan. Criar a un bebé así a veces puede parecer demasiado sencillo. Los padres pueden incluso sentir que sobran. Es importante no olvidar que esta fase pasará y que el bebé seguirá necesitando estimulación, atención y su exclusiva relación contigo.

El bebé tímido Los bebés “tímidos”, descritos en el estudio, como de “calentamiento lento” poseen una serie de rasgos que los empujan a rechazar instintivamente, o retroceder ante, las situaciones y personas nuevas. Tienden a ser precavidos y observadores en lugar de adelantarse e implicarse físicamente. Estos bebés no siempre muestran su malestar, por lo que no es fácil saber cuándo necesitan atención, consuelo o un cambio de pañal. Soportan la rutina irregular y no son exigentes.

Algunos padres se preocupan por la timidez de sus hijos, pero si los niños perciben su ansiedad, puede llevar a otros rasgos, como la “pegajosidad”. Los padres deben darle a su hijo graduales, aunque frecuentes, oportunidades para exponerse a personas y situaciones nuevas. Si al niño se le da todo el tiempo necesario para acostumbrarse a la nueva situación, sin presionarlo, se adaptará y aprenderá habilidades para resistir.
Si tu hijo, parece ansioso o estresado, o excesivamente estimulado por algo nuevo, apártalo de la situación, consuélalo y prueba de nuevo. Si tú misma tiendes a evitar situaciones y personas nuevas, tus reacciones reforzarán las características de tu hijo. Sin embargo, tendrás varios años para superar tus propios temores, por lo que deberías empezar gradualmente. Un buen punto de partida podría ser conocer a toros padres.

El bebé difícil Son niños físicamente activos, inquietos y que se distraen. Se les dice “difíciles” o vivaces porque sue3len exigir atención constante e inmediata y no se conforman fácilmente. Tienden a responder verbal y vigorosamente al malestar o el cambio, y son intensamente emotivos. Son difíciles de consolar y les cuesta dormirse y habituarse a una rutina sencilla. Las situaciones y personas nuevas son un reto y pueden reaccionar violentamente ante los cambios sensoriales y ambientales.

Si son tratados de manera sensible y cariñosa, la irritación o reacción exagerada ante el cambio se calmará con el tiempo, y puede superarse a los cuatro años. Estos bebés a menudo se convierten en niños activos, enérgicos y emocionalmente expresivos. Debes permanecer positiva, cariñosa y consecuente con pesar de los desafíos. Si se establece una relación negativa, existe el peligro de que se desarrollen problemas de comportamiento después.

La manera en que los padres responden al comportamiento vivaz de sus hijos incluye: culpabilidad y ansiedad por estar haciendo algo mal y porque nada parece agradar a su hijo; ira y reproches, como si el niño se comportara de esa manera a propósito; o rechazo al ser incapaz de calmar o consolar al niño. 
Aunque son reacciones comprensibles, es importante recordar que los niños menores de cuatro años aún no son calculadores. Debes proteger a tu hijo y prepararlo para la alteración siendo consciente de los retos sensoriales (como la incomodidad de un pañal mojado o una luz demasiado brillante), y de los cambios ambientales (como un cambio en la rutina diaria) que le puedan afectar.

Una rutina consecuente ayudará a tu hijo a conocer la predecibilidad y le producirá sensación de seguridad.


Es importante el orden de nacimiento?

Hay diversas opiniones sobre el efecto del orden de nacimiento sobre un niño, dependiendo del enfoque de los padres. Los niños mayores que han pasado mucho tiempo con adultos pueden sentirse más cómodos con éstos que con otros niños, mientras que los más pequeños, acostumbrados a tener un hermano mayor como modelo a seguir, pueden adquirir más rápidamente las habilidades sociales y relacionarse con mayor naturalidad con otros niños.

Los primogénitos pueden adquirir habilidades de liderazgo y hacerse responsables mucho antes que un hermano que deba competir por los recursos y la atención. En cambio, los más pequeños pueden desarrollarse más deprisa y con mayor confianza porque tendrán unos padres más experimentados y tranquilos. El hijo único evolucionará de manera similar, siempre que sus padres le ofrezcan oportunidades para socializarse y no le traten desde temprana edad como un “pequeño adulto”.

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