Los Hábitos Alimentarios

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La mayoría de los niños de entre 2 y 3 años rechazan ciertas comidas, para desesperación de sus padres. Los remilgos con la comida pueden significar simplemente que a su hija de 15 meses no le gusta un alimento concreto, o que su hijo de 2 años tiene poco apetito, o que al de 3 años le gusta “marear” la comida en el plato interminablemente.
En cualquier caso, un niño suele afirmar su independencia en la lección de los alimentos a partir de los 15 meses.



Aunque los remilgos con la comida constituyen a menudo una fase transitoria en la vida de un niño, también pueden convertirse en una característica duradera. Recuerde que la pérdida de apetito repentina en un niño que hasta entonces comía bien puede indicar un problema de salud, en especial si presenta además otros síntomas. En esos casos, hay que consultar al médico.
Cómo tratar remilgos con la comida
Es un punto clave que debe tener presente al abordar los hábitos alimentarios de su hijo: no puede obligarle a comer. Por mucho que usted le presione, él tiene que elegir su comida. Por eso, en este campo no funcionan los métodos coactivos, hay que conseguir que el niño colabore.
Incluso antes de que usted se plantee estrategias para fomentar mejores hábitos alimentarios, piense en la comida desde el punto de vista de su hijo. No olvide que, cuando usted se sienta a la mesa para comer, espera que los alimentos tengan un aspecto apetitoso, huelan bien y estén a la temperatura adecuada; a su hijo le sucede lo mismo. Plantéese la posibilidad de que su hijo rechace ciertas comidas porque:
Es demasiado grasa: Un plato con mucha grasa puede provocarle náuseas a su hijo; otras texturas, como la de la carne fibrosa, pueden tener el mismo efecto.
Los cubiertos no son de su tamaño: [las manos pequeñas no abarcan mucho, lo que significa que los cubiertos adecuados para las manos de un adulto son demasiado grandes para un niño y no le ayudan a comer bien.
La ración es demasiado grande: Los padres aumentan a menudo la ración que dan a sus hijos cuando tiene poco apetito. Las raciones pequeñas son menos intimidadoras.
No llega a la comida: Su silla puede ser muy baja y quizá necesite un cojín. Asegúrese de que su hijo se sienta de un modo que le permita llegar cómoda y fácilmente al plato.
La comida está demasiado caliente: La temperatura influye en el aspecto de los alimentos. Su hijo quizá prefiera que su plano no esté ni frío ni caliente, sino a una temperatura intermedia agradable.
No le gusta el sabor: Un niño tiene todo el derecho del mundo a que no le guste un determinado alimento, y sus preferencias pueden no coincidir con las de sus padres.
No amenace a su hijo cuando no se acabe toda la comida. Las discusiones provocan tensiones y ansiedad y éstas podrían reducir aún más el apetito del pequeño. A mucho padres les preocupa que su hijo coma mal por miedo a que luego le falten nutrientes esenciales, pero eso raramente sucede. Un rápido examen médico básico por parte del pediatra seguro que les tranquilizará.
Comida en familia
Recuerde que comer es una experiencia social, no sólo se trata de que su hijo satisfaga sus necesidades dietéticas. Los distintos horarios de los miembros de la familia quizá provoquen que el niño coma solo, sin esperar a nadie. Sin embargo, comer con la familia es una experiencia con la que los niños disfrutan. Lo cierto es que la hora de comer puede ser agotadora (y probablemente también más ruidosa), pero el niño aprenderá de los hábitos alimentarios de otras personas y se divertirá más que comiendo solo.
Otro problema que puede surgir si su hijo come solo es que se aburra. Es sociable por naturaleza y le gusta estar en contacto con otros miembros de la familia. No se le puede reprochar, por ejemplo, que quiera dejar de comer y levantarse de la mesa para jugar solo si no tiene a nadie con quien hablar mientras come. Por eso debería usted sentarse con él a la hora de comer, al menos un rato. Es más probable que se acabe el plato si usted está cerca.

Consejos
Déjele elegir a él: tendrá más interés en comerse la comida cuando le hayan dejado escogerla, hasta cierto punto. Si es posible, permítale elegir entre una gama limitada de platos para que su motivación sea alta desde el principio.
Relájese a la hora de comer: Como la tensión es muy contagiosa, intente relajarse antes de servir la cena a un niño que come mal. Aunque usted sienta ansiedad y se agobie, esfuércese por disimular estos sentimientos negativos mientras su hijo come.
Invítele a participar en la preparación de los alimentos: Aunque su hijo no puede cocinar, sí puede participar en la elaboración de la comida, por ejemplo acercándole los ingredientes a usted.

Cuanto más participe, más probable es que coma.
Varíe la presentación: Si su hijo tiene remilgos con la comida servida en plato, quizá muestre más positivo ante alimentos que pueda tomar con las manos. Los alimentos en pequeñas porciones son tan nutritivos como los platos tradicionales y a su hijo quizá le parezcan más apetitosos.
Alábele cuando coma bien: En ocasiones se comerá casi todo el plato, quizá porque esta comida le gusta especialmente. En esos casos, elógiele mucho en incluso recompénsele modestamente.

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